sábado, 23 de abril de 2016

Lamest Hits

Hoy estaba en el trabajo tranquilamente tecleando a tope en mi teclado mecánico, cuando unas personas de otro equipo decidieron poner música. No me molesta, siempre me puedo poner audífonos, y quizás los molestaban yo a ellos escribiendo a topeeeeeeeeeeeeeee.

Total que pusieron música de todo tipo, pero cada fin de semana siento que se terminan poniendo las mismas rolas, las mismas canciones que seguramente tienen escuchando durante decenas de años. No sé por qué, pero inmediatamente sentí que nunca en mi vida quería terminar pasando mis sábados en la oficina escuchando las mismas rolas que escucho desde la adolescencia.

Ahora, tal vez no sea la persona más adecuada para quejarse de eso, estoy jugando fucking Majora's Mask y Twilight Princess otra vez, y amándolos más que nunca. Y claro que veo películas que ya vi, canciones que ya escuché (aunque últimamente ya casi escucho música con propósitos muy específicos), comidas que ya comí... No tiene nada de malo repetir lo bueno.

Creo que mi incomodidad vino porque de repente se me hace muy rara la situación de esas personas. Hacen un trabajo que me parece súper aburrido y poco trascendente, en sábado, reviviendo viejas glorias. He oído que cuando intentan moverse, les dan más dinero para que se queden. Hey, está bien, hay gente que quiere seguridad y estabilidad y tal. A mi también me gusta eso, pero sigo sintiendo que necesito mis cambios fuertes y sacudidas periódicamente.

Igual y todo se resume en mi paranoia recurrente cada que voy a los restaurantes. ¿Pido algo que ya me gusta y aseguro una buena experiencia, aunque posiblemente esto me esté privando de una experiencia mejor? Y generalmente termino pidiendo cosas diferentes. Claro que este tipo de actitudes luego termina metiéndome en todo tipo de situaciones pendejas, y claro, platillos que no vuelvo a pedir jamás.

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