lunes, 11 de agosto de 2014

Etiqueta tapatía en el tianguis

Los miércoles, me gusta ir a comer gorditas a un tianguis que se pone prácticamente afuera de HP. A mis compañeros también les gusta mucho, es barato, bueno, y gordo.

Este tianguis, creo que se llama Tianguis Montemorelos o algo así, es un tianguis sin temor a serlo. Se vende ropa de segunda mano, comida no muy saludable, cosas que normalmente compras en el súper mercado, pasa gente cantando bien feo con una guitarra a la que le faltan cuerdas, etc. Pero las gorditas y doradas de Gorditas Rivera están buenas, la neta.

El miércoles pasado, me sentía muy ágil y me atreví a comerme 3 gorditas, cuando usualmente me como 2 nada más. Carne con chile, deshebrada y papas guisadas. Todavía no nos servían, así que casualmente me puse a observar a los otros feligreses con los que compartía mesa, cuando una muchacha capturó mi atención. Oh wow, ojos bonitos, muy blanca, cabello café claro, ¿WTF espera se está pintando las uñas? Por más bonita que estés, esto no se pone mucho más tianguero que pintarte las uñas en lo que te sirven las gorditas.

Estaba pensando todo esto, cuando escucho que las señoras a un lado de nosotros se levantan y dicen "provecho". En Guadalajara suelen hacer eso cuando terminan de comer, no al principio, como en Mexicali. Los que terminan, se retiran diciendo provecho a cada mesa por la que pasan. No sé, whatevs, yo no lo hago porque la neta ni me nace. Ya si me lo dicen pues contesto igualmente, o gracias, o provecho otra vez.

Esa vez oí a la señora pero la ignoré, por ver a la muchacha pintarse la uñas. Estaba concentrado en eso y de repente siento que me pican el hombro. Creí que Haydé me había cachado mirando a la muchacha, pero volteo y es la señora, que me reclama "¡provecho jóven!". Al parecer, necesitaba mi provecho de vuelta para irse, o la comida le iba a perforar todo el estómago y escapar por su ombligo para ahorcarla. Es la única razón por la que me imagino alguien tendría la urgencia de regresarse a reclamarme un provecho en un mendigo tianguis.

En mi nerviosismo le contesté "¡ah es que de donde vengo no se suele decir al final de la comida", y se fue como contenta con haberme agarrado en curva y llevarse su provecho de vuelta. Las señoras de en frente ya se pusieron a platicarme que "no si si es que se contesta provecho aja si". Ah, órale, qué padre. Buena onda que incluso en el tianguis, incluso en las gorditas, incluso pintándose las uñas en lo que sirven, las taparías esperan que uno conserve los modales.

Obviamente cuando me levanté para irme le dije provecho a las señoras estas.

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