viernes, 27 de junio de 2014

Extravíos espontáneos

A veces, mi mente se detiene a apreciar cada detalle de la situación en la que me encuentro, y se maravilla de la combinación tan inesperada.

Hoy me pasó después de comer en Okuma, antes de que nos subiéramos al carro de mi compañero mi otros tres amigos y él. No sé, hace un par de años cómo le iba a atinar a que me estaría subiendo al carro de un recién conocido, irapuatense, después de comer en una franquicia de comida japonesa, para regresar a nuestro nuevo trabajo, en una ciudad en la que ninguno de los dos nació. Junto a otros tres individuos de historias similares.

Creo que no es tanto la rareza de la combinación, sino lo poco predecible. Y sobre todo, que lo trates con toda la tranquilidad del mundo, como algo bien normal. Hace dos meses no conocía a ninguno de esos cabrones. En tiempos de la escuela hubiera tardado muchísimo más en agarrarles tanta confianza. Por ese lado me da gusto, hago amistades mucho más rápido que nunca últimamente.

El próximo nivel de confianza debería ser una borrachera juntos. Para el ritmo que lleva esto, no tarda.

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