miércoles, 18 de junio de 2014

Argh, arruinaste el perfume

Si algo le he aprendido a mi memoria, es que funciona de manera muy asociativa. Cada registro de memoria en ella está unido a otros por diferentes cosas, como lugares, fechas, o personas. Algunas veces me topo con algo que desencadena un recuerdo, pero de una manera rarísima, como un reflejo. Es tan rápido que no tengo tiempo de detener a mi mente para decirle "oye, no, no quiero que vayas ahí".

Una de esas cosas son los olores. Huelo algo y ¡pum! Momento completamente alterno de mi vida, otro clima, otras preocupaciones, otro lugar. Los perfumes son un caso particular dentro de los olores, pues los relaciono inmediatamente con personas. A veces los perfumes de hombre hacen que mi mente cargue de inmediato toda la información de mi papá, o mi tío Fali, hombres que suelen usar perfume muy seguido.

A veces, con las mujeres, puede ser un problema. Generalmente los perfumes de mujer me brincan a mi mamá, mi abuela, mis hermanas, o bueno, digamos, mujeres a las que les he prestado suficiente atención como para acordarme de cómo huelen. Entonces a veces veo alguna muchacha en la calle, pasa a un lado de mi, y cuando huelo su perfume, trae alguno de mis hermanas, ¡bam! Lo que estabas pensando sobre la muchacha de repente se quiere mezclar con tus hermanas y tienes que meterle freno. O cuando conoces a alguna señora nueva, huele como tú mamá, y como que de repente hay demasiada familiaridad para tratarse de una cara nueva.

Yo creo que por eso no me gusta mucho usar perfume, siento como que es echarse encima una etiqueta más de a gratis. "Mira cómo viste, escucha cómo habla, huele cómo huele, es como fulanito X perdido en mi memoria y ahora le aplicaré los mismos prejuicios hasta que pruebe lo contrario". Como si de por si no fuera ya súper etiquetable.

1 comentario:

  1. Anónimo6:51 p.m.

    Un perfume es parte de tu personalidad.

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Deja algo lindo, especial, original y coherente =)