miércoles, 14 de mayo de 2014

Camionering


Siempre que me siento incómodo o molesto con un servicio o producto, me pregunto qué chingados estaban pensando los que lo elaboraron. En los camiones generalmente esa reacción me contra dispara: Veo al pobre camionero, que tiene que soportar tantas chingaderas, que se ve obligado a cometer otras tantas, y encima, seguramente no le pagan ni la mitad de todas esas.

En Linz concebí el sueño de vivir sin carro, usando el transporte público para todas mis necesidades de tránsito por la ciudad. No llevo ni una semana, y ya estoy flaqueando machín en esa idea, deseando que incluso esos boletos de rifas de carros que compré por pura caridad mejor si sean los ganadores.

Es una situación que seguramente mejorará en unos meses, cuando terminen las obras del paso a desnivel en la ruta del camión. Pero hasta entonces, me mantendré muy escéptico, y seguiré con mi lástima por los camioneros de la ruta 186.

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