jueves, 24 de abril de 2014

I've got another confession to make

Me prende el ambiente de mariscos, banda sinaloense y Tecate.

Los supersticiosos y conspiracionistas dirán que es porque mis abuelos maternos son de Sinaloa, y cuando era chiquito, mi abuelo me contaba de pisteadas con mariscos recién pescados allá en Mazatlán. Pero sea por lo que sea, hoy que estuve sentado en un lugar chiquito, con música alta, bien enchilado y tomándole a mi bote de Tecate, me sentí contento. Es el único momento en que se me antoja auténticamente tomar una Tecate, pero igual quiero cambiarle y probar con cerveza Pacífico, digo, si es también oriunda de esos lados, igual y se lleva mejor.

El de hoy fue uno de esos momentos que me llegan en los restaurantes, como en el café Prinz en Viena o la terraza del IHOP en calle Chapultepec de Guadalajara, cuando las situaciones son tan singulares, que disfruto mucho el tiempo, la compañía, hasta la comida, aunque no siempre sea buena, como pasó hoy. Si alguien nos tomara una foto en ese momento, seguramente se vería gente admirando lo original del buen rato que están pasando.

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