lunes, 17 de marzo de 2014

Visita de Humberto

Humberto llegó el viernes,  casi a media noche. Yo estaba algo nervioso, porque se suponía que lo paseara por Guadalajara, sin carro, y la verdad, conociendo muy poco el lado turístico de la región. La única vez que he hecho turismo por aquí fue cuando vino Michelle, y casi todo un día fue en recorrido del Tequila Exprés.

Al final los nervios se convirtieron en emoción, pues seguramente terminaríamos con esa bonita sensación de cuando turistas a pie, intentando exprimir cada minuto al máximo. Lo bueno es que tanto Humberto como vemos el turismo de esa manera, no tanto el turismo de ir a relajarse.

El sábado, salimos a las 7:41am, para ir al centro de Guadalajara y subirnos al Tapatío Tour. El plan era llegar antes de que saliera el primer camión, a las 10:00am, para asegurar un lugar. Llegamos a las 9:20am, pero todavía no se ponía el booth que vende los boletos, así que decidimos irnos a desayunar a La Chata. Pedimos una torta y café de olla para cada uno, más una orden de tacos dorados que compartimos. Aunque era temprano, tuvimos que hacer fila para que nos dieran mesa, aunque solo tardó como 3 minutos. Fue un muy buen desayuno, todo tenía buen sabor y a Humberto le gustó mucho, aunque creo que para tortas, mejor otro lugar. La Chata tiene cosas mejores que la torta.

Fuimos al booth del Tapatío Tour, e hicimos fila para comprar nuestros boletos, escuchando a los vendedores de sombreros y lentes oscuros que cada 5 minutos volvían a preguntarte si no ocupabas alguna de esas cosas. El boleto costó 120 pesos, y aunque al recomendación era ir primero a Tonalá para alcanzar a hacer los 4 recorridos, preferimos subirnos al de Tlaquepaque para que nos tocara lugar en el segundo piso del bus, que se siente mucho más padre, aunque luego te pegues con ramas de árboles y te queme un poco el sol.

Llegamos al centro de Tlaquepaque, y caminamos de aquí para allá un buen rato, tomando fotos y deteniéndonos a leer carteles y tal. No está mal, es chiquito pero tiene lo suyo, y hay bastantes dulcerías y neverías como para comprarte algo en lo que paseas.








Aquí pasó algo gacho: Humberto quería que le tomara una foto con su cámara, y cuando me la pasó, no estoy muy seguro a cuál de los dos se nos cayó. Con el golpe, como que el sensor dejó de captar la imagen, porque todo servía para las fotos se veían completamente negras. Fue un poco agüitante, la neta.

Nos subimos de vuelta al Tapatío Tour (el boleto te da derecho a subirte todas las veces que quieras en el día de compra), ahora con destino a Tonalá, que la neta, no me gustó. Está muy apuntado a comprar artesanías, por todos lados, en serio. Aquí duramos mucho menos, porque ni Humberto ni yo estábamos interesados en eso, nosotros más bien queríamos pasear y tomar fotos y tal. Nos volvimos a subir al camión media hora después, para ir de vuelta al centro de Guadalajara, comer algo, y subirnos al recorrido de Zapopan.




Ese plan quedó frustrado por algo que no sabíamos: Ya no había recorridos a Zapopan. Eran las 2:30pm más o menos, y decidimos mejor ir a comer algo en lo que pensábamos qué hacer. Comimos birria en El Pilón de los Arrieros, y estuvo bastante bien. muy recomendable. Durante la comida, decidimos buscar alguna ruta que nos llevara la Basílica de Zapopan, aunque el tiempo solo alcanzara para ir y venir.

Pero fracasamos. La ruta que vi en Internet nunca pasó, así que a las 5:00pm decidimos mejor subirnos al recorrido por Guadalajara del Tapatío Tour, y la neta, fue una muy buena decisión. Humberto pudo ver cosas interesantes y que probablemente no hubiéramos tenido tiempo de ver luego, como la Minerva y el Templo Expiatorio. Ya que volvimos, decidimos caminar el tramo de la Catedral al Hospicio Cabañas, y de paso, Humberto compró algunos llaveros como souvenirs.

Y entonces vino la parte que más dudas me generaba de mis planes: La vuelta a casa. Como a eso de las 7:10pm, desde la Catedral, empezamos el camino. En la estación Juárez nos equivocamos de sentido y tuvimos que volver a pagar. Ya que llegamos a Periférico Sur, había una fila enorme para subirse a los camiones... Pero las personas no se estaban subiendo... Después de observar un rato, formados, decidimos al cholazo mejor parar un camión y subirnos. Todavía de cremas, llegamos al Domino's por una pizza, y nos subimos al méndigo 186 con todo y la pizza, a pesar de lo lleno que iba. Llegamos al 7-Eleven por una soda, y como las 9:30pm creo que llegamos a la casa. Estábamos agotados, pero nos sentíamos victoriosos porque vimos bastante.

Todo pintaba para que durmiéramos como bebés, pero ah, cometí un error y me excedí con la Coca-Cola en la cena. Sumado con mi reciente adicción a House of Cards, me aventé como 4 capítulos en la cama, y terminé durmiéndome como hasta las 3:30am. A las 8:00am ya estaba levantado, tomando café con Humberto en la cocina mientras revisábamos el plan del día. Fuimos un rato a la alberca, y como a eso de las 11:20am salimos a la aventura.

Comimos en el Karne Garibaldi de Mariano Otero, y la verdad, la mera verdad... Se me hizo equis. Me gustó más la birria, y soy mucho más fan de las tortas ahogadas que de la carne en su jugo. Aún así la experiencia en Karne Garibaldi está nice, con la rapidez y el establecimiento bonito y los totopos con frijoles. Fuimos a dar una vueltilla en Plaza del Sol para bajar la comida, y nos subimos a un camión para llegar al Parque Revolución. Llegamos y luego luego comprobamos que de ahí se podía ir al Omnilife, pues había un montón de personas con camisas de las Chivas esperando al Pre-Tren.

Nunca había recorrido tanto en el Pre-Tren, es una ruta muy práctica. Llegamos al final de la ruta, entramos a un 7-Eleven para comprar agua, y empezamos la caminata de media hora hacia el estadio. Caminata que pudimos habernos evitado si nos subiéramos al transporte gratuito que te da raite, más o menos desde nos bajamos, pero no sabíamos que era gratis y le dijimos que no gracias. No importó, igual le ganamos al estimado de Google Maps, y llegamos al estadio a las 3:55pm, poquito más de una hora antes del juego. Nos pusimos nerviosos con que si encontraríamos buen lugar y tal, y hubo algo de confusión ya en la taquilla, pero por 150 pesos, conseguimos asientos bastante decentes, en mi opinión, detrás de la portería sur. El partido no estuvo mal, si no le vas a ninguno de los dos, es mejor que gane el local, pues el ambiente del estadio se pone mejor.



Iniciamos otra vez la vuelta a casa, pero esta vez llegamos un poco más temprano. Para la cena nos tuvimos que contentar con unos hot-dogs del 7-Eleven, y ya en la casa vimos un par de capítulos de Los Simpson. Humberto se fue hoy, su taxi pasó por él a las 5:00am, y hace unos minutos me escribió que ya llegó, que muchísimas gracias por la atención y que lo había disfrutado mucho.

Yo me siento orgulloso, porque siento que pasé por una especie de ritual, y que no me fue tan mal. Ya puedo pasear mejor a una visita, y ya entiendo mejor como se conectan las algunas zonas de la ciudad. Y lo mejor fue que me lo aventé yo solo. Es probable que Ivy venga en abril, igual, un fin de semana. Con esta experiencia, planearé algo todavía más chilo para ella.

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