jueves, 11 de abril de 2013

Tres momentos de sorpresiva certidumbre

Número uno:

Estábamos viendo Pitch Perfect/Notas Perfectas. Era la parte final de la película, cuando están cantando y tienen al público turbo prendido (c'mon, es predecible, no es spoiler). Conforme aumentaba la emoción del público en la película, también aumentaba la del público en la sala. O al menos yo eso sentía. Quería apretar el brazo de alguien de pura emoción y felicidad. Por alguna razón, estaba cierto en que si volteaba, Rocío iba a estar apretando el brazo de Héctor. Y si, lo tenía agarrado del brazo izquierdo. Yo no pude apretar a nadie, y me pegó un micro momento de tristeza antes de volver a la película.

Número dos:

Estábamos comiendo los de siempre. Viendo futbol en las pantallas de siempre. Yo estaba un poquito de mal humor, algo que no pasa siempre, pero ése día cosas que siempre funcionaban no estaban funcionando, y encima comimos como media hora más tarde. Roma VS Lazio. La Lazio mete éste golazo, y Ale menciona que su ex de la prepa le dedicaba los goles que metía con una camiseta que decía "Te amo Ale", pero que a ella la ponía algo incómoda.

No lo supero todavía. Por favor, ¡Es un gol! ¿Qué otra demostración de afecto pública más awesome hay, que anunciar tu amor por alguien cuando todo mundo te está poniendo los ojos encima? A la verga lo incómodo. Luego dijo que es que estábamos generalizando, seguramente a algunas mujeres si les gustaba eso. ¡Ese no es pedo morra! Obvio que generalizo porque a mí entender dedicar un gol es asombroso y ya quisiera hacerlo o que me lo hicieran, punto. Nunca creí que pudiera existir una opinión diferente, lo daba por hecho. Está bien chilo y todos los queremos.

Desde entonces ya no he visto a Ale igual. En ese momento sentí algo tipo "ya no quiero ser tu amigo". Se mezcló poquito con esa sensación de cuando te sientes ligeramente interesado en alguien, y luego dice algo que te decepciona horriblemente. Estoy cierto en que pasará un buen rato para que lo acepte y deje de afectarme.

Número tres:

Estábamos cotorreando un técnico y yo en el lab. Simplemente dos veinteañeros batallando con plataformas y esperando que llegue el viernes para jugar futbol. Ése lindo tipo de relación laboral entre personas de diferente rango pero que se llevan como compas. Tengo desde Skyworks conviviendo con técnicos.

En eso llega uno de los jefes, Porfa trae tus cosas, vamos a hablar afuera. Pasan unos 10 minutos, regresan por más cosas del técnico, No el cuaderno no me lo des si tiene cosas personales, ah ok, entonces dejáselo a otro técnico. Y ya bye, se fue. Pregunté e insistí 4 veces que había pasado, y las respuetas fueron "¿Qué necesitabas?, "Ya no va a  estar con nosotros", "Ya no va a estar con nosotros", "¿Qué necesitabas?".

Hoy volví a tocar el tema con el mánager, y a través de razones muy buenas, me convenció de que las cosas así deben de ser. Rápidas y limpias. A fin de cuentas, cuando renunciamos, nosotros se la aplicamos a los jefes de la misma manera. Lo que me impactó realmente fue la brevedad en que pasó todo, y cómo nadie mostró ni la más mínima reacción. Al día siguiente ya teníamos a otro técnico. Y para mí fue una sacudida fuerte, aquí (y en cualquier otro lado, realmente) a cualquiera lo pueden correr no de un día a otro, de un minuto a otro.

En el fondo es lógico, y casi casi natural. La certeza de la fragilidad laboral.

2 comentarios:

  1. Fer! le hubieras apretado el otro brazo! el estaba en medio ¿no? :p

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  2. Si, estuve tentado, pero no quise probar mi suerte xD

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Deja algo lindo, especial, original y coherente =)